LLETRES D’HORABAIXA: «HIJO DEL HOMBRE», per Josep Mª Jordán Galduf 

LLETRES D’HORABAIXA: «HIJO DEL HOMBRE«, per Josep Mª Jordán Galduf 

Nos hallamos en el corazón de la Semana Santa en la que los cristianos celebramos la pasión, muerte y resurrección de Jesús. Es un tiempo especial en el que creyentes y no creyentes podemos reflexionar acerca de la figura de Jesús y los problemas de nuestro tiempo.

Según los Evangelios, Jesús se llamaba a sí mismo “Hijo del hombre”, aludiendo de esta manera a su humanidad esencial. Y esa humanidad se ve reflejada en primer plano cuando él se halla clavado en la cruz el día de Viernes Santo y, poco antes de morir, lanza este grito desesperado: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”.

Los Evangelios no eliminan ese momento de angustia en el que Jesús no aparece, desde luego, como un héroe o como un Dios en la cruz. Es un ser humano abandonado como tantos otros a su suerte. Alguien que vive sin tapujos la plena realidad y fragilidad de cualquier ser humano.

Antes de morir aún pronunciará otras palabras de entrega y confianza en el Padre, y posteriormente se asistirá a la fiesta de la Resurrección que contrapesará los desgarros vividos durante la pasión. Pero, ¿cómo olvidar aquel grito de angustia y desespero que elevó precisamente a Dios el día de Viernes Santo?

En el presente vivimos tiempos difíciles. Tiempos marcados por numerosas guerras, penurias, tensiones y graves amenazas de destrucción para la humanidad. Una realidad difícil que a los seres humanos de hoy también nos hace gritar como hizo Jesús: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué nos has abandonado?”.

¿Cómo responder ante esta realidad actual que nos espanta, ante un futuro que se nos asemeja tan poco esperanzador? Quizás con la misma respuesta que dio Jesús a través de su vida y su Evangelio: haciendo del amor y la fraternidad el centro crucial de nuestro modo de vivir. Esa fue su enseñanza clave.

Ahí podemos confluir todos, cristianos y no cristianos, creyentes y no creyentes. En el empeño humanista por construir un mundo mejor, más justo e igualitario. Un mundo en que nos sintamos todos, como se sintió Jesús, “Hijos del Hombre”, hermanos sin ningún tipo de restricción.

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