LLETRES D’HORABAIXA: «FRATERNIDAD PARA EL MUNDO DE HOY«, per Josep Mª Jordán Galduf
El Papa Francisco ha publicado recientemente una nueva encíclica con un enorme calado social: Fratelli tutti (Todos hermanos). Es una reflexión que se aporta a la colectividad para replantear entre todos las bases de la convivencia humana en el mundo de hoy: la política, la economía, la cultura, las relaciones internacionales. Un llamamiento universal que apela a la fraternidad y a la amistad social para reorientar a mejor el rumbo de las cosas. La encíclica consta de ocho capítulos. En este artículo realizo un comentario de los cuatro primeros y en otro posterior haré referencia a la segunda mitad.
Son muchas las tendencias del mundo actual que operan en contra de un desarrollo humano más armonioso. Son las sombras de un mundo cerrado a las que se refiere con gran preocupación el Papa Francisco en el capítulo primero de la encíclica. Conflictos enquistados que resurgen, nacionalismos extremados que se encienden, nuevas formas de egoísmo que cobran aliento. Todo ello mientras se debilita la conciencia histórica y se vacían de sentido grandes principios como la democracia, la libertad, la justicia y la unidad. En ese contexto, es preciso reconocer la importancia fundamental de la dignidad y los derechos humanos, calibrar la necesidad de dotar de sentido humanitario a la evolución histórica, a la globalización y al progreso.
Pero si hay negras sombras en el horizonte, también hay caminos de esperanza. El Papa invita en el resto de la encíclica a ser audaces y acometer juntos un proyecto común forjando una comunidad de pertenencia y solidaridad. El capítulo segundo ofrece el modelo de la parábola del buen samaritano para promover la vocación de ciudadanos en nuestro propio país y en el mundo entero. La inclusión de las personas que se quedan en la cuneta del desarrollo debe definir todos los proyectos políticos, económicos y sociales. Todos tenemos algo de cada uno de los personajes que aparecen en la parábola del samaritano: el herido, el indiferente, el que se siente prójimo. ¿Cómo somos capaces de responder, en cada situación, ante los desafíos que se nos presentan?
Sin duda, es preciso pensar y gestar un mundo abierto, tal como se hace en el capítulo tercero de la encíclica. Lo contrario resulta contraproducente y dañino. No hay vida cuando pretendemos encerrarnos en nosotros mismos y vivir aislados. Es necesario urdir sociedades abiertas que acojan e integren a todos, promover el bien común, destacar el valor de la solidaridad, aunar la fraternidad a la libertad y la igualdad.
En suma, la convicción de que todos los seres humanos somos hermanos nos obliga a asumir nuevas perspectivas de acción social ante los retos del presente. Nos invita a adoptar un corazón más abierto ante los distintos problemas del mundo entero. A ello se refiere el capítulo cuatro de la encíclica, donde se aborda el reto de los movimientos migratorios y se alude a la pertinencia de llevar a cabo estas cuatro acciones al respecto: acoger, proteger, promover e integrar. Un capítulo donde se propone igualmente combinar, en el mundo de hoy, la dimensión local con la global, cuidando las raíces de cada cual al tiempo que se tiene una sana apertura al horizonte universal.
Hasta aquí mi visión de la primera parte de la encíclica Fratelli tutti. Como se ha indicado, completaré mi mirada de la segunda parte en un próximo artículo.



















