LAS PELÍCULAS QUE AMO: EL SÉPTIMO SELLO (Suecia, 1956) de Ingmar Bergman.
LAS ULTIMAS Y GRANDES PREGUNTAS
José Luis Barrera Calahorro
“Cuando el Cordero abrió el séptimo sello, se hizo en el cielo un largo silencio. Y a siete ángeles, que estaban ante Dios, les fueron entregadas siete trompetas”, mientras en el cielo, un halcón mantiene su vuelo en una posición amenazante. Así comienza esta maravillosa película que ha sido siempre para mi vida personal muy importante. Con este texto del Apocalipsis, que denotaba la honda preocupación que existía en Europa por una posible guerra nuclear (eran los tiempos de la “guerra fría” y del “telón de acero” que enfrentaba en la hostilidad a los dos grandes bloques políticos de Rusia y Europa occidental, con la tensión añadida del riesgo de utilizar unas armas nucleares, casi recién inventadas. La película está producida en 1958 y fotografiada en blanco y negro; su visionado lleno de reflexivas sugerencias, es casi como abrir un libro de filosofía. Afirmaba Bergman: “el Séptimo sello” es una alegoría de tema sencillísimo: el hombre, su búsqueda eterna de Dios, y la Muerte, como su única respuesta”.
Película de imprescindible visión para aquel que desee adquirir un mínimo de cultura cinematográfica y también un conocimiento icónico de cómo era el existencialismo, la corriente filosófica que imperaba en aquellos años. “El hombre, un ser nacido para la muerte” cuya vida es un absurdo y un sinsentido
No es, pues una película ni optimista ni se puede contemplar como una simple diversión. Un caballero que viene de las cruzadas se ve tumbado en en la playa de un mar proceloso que parece haberlo vomitado. Una clara referencia a la vida del ser humano, que al nacer somos también arrojados desde el agua del seno materno. El caballero, nada más despertarse se encuentra con la muerte. ”¿Quién eres tú’?. Soy la Muerte. ¿Acaso vienes a buscarme a mí? Hace ya tiempo que camino a tu lado.”. El caballero le pide que le dé un poco más de tiempo y le reta a una partida de ajedrez. Si gana, no morirá, si pierde la muerte se lo llevará. Junto a él, viaja su escudero, un hombre vulgar, cínico que, como sabe que va a morir, no se plantea las filosofías de su amo. En este sentido, sin duda, Caballero y Escudero recuerdan, lógicamente, a nuestro Don Quijote y Sancho Panza.
El séptimo sello es por así, decirlo una película de viaje: los dos, desde el mar, emprenden un camino que les tiene que conducir al castillo donde le espera la esposa del caballero. Aviso: aquí se adelanta el argumento, pero por el camino pasan muchas cosas: la primera el encuentro con un cadáver producido por la temida Peste Negra. Después, con unos aldeanos que viven inconscientes, la muerte aparece de nuevo (la Muerte disfrazada de un fraile sacerdote que oye, la confesión del caballero, sus angustias sobre la vida y la existencia de Dios). Luego en el viaje se encuentran con una familia con un niño y que son unos titiriteros de corazón sencillo, puro y bondadoso (intencionadamente él se llama a José y ella, María) y el momento más impactante de la película lo marcan el encuentro del caballero y el escudero con las rogativas de penitentes implorando que Dios les libre de la muerte por la Peste Negra. Es una secuencia que quien la visto nunca la podrás olvidar: al son del canto del día “Dies Irae”, los flagelantes procesionan cargando pesadas cruces. Con el caballero se van sumando a la comitiva otros personajes representativos de distintas actitudes ante la vida y la muerte. Cuando llegan al castillo, la muerte aparecerá de nuevo y hará un escrutinio. La cinta acaba con la familia de tiriteros, cuyo padre ve visiones religiosas como a la Virgen María jugando con el niño Jesús o al final, y es lo más impresionante, en el horizonte, en la cima de una montaña se ve a la muerte con una guadaña ejecutando la danza de la muerte. ”¡Los estoy viendo, allá sobre las negras nubes de la tormenta. Están todos juntos, el Caballero y el Escudero,…El grave señor de la Muerte les invita a bailar una farándula y veo cómo todos se dan la mano para hacerlo. Al frente de ellos, marcha la Muerte, con su guadaña y su reloj de arena…”
La película pertenece a la primer período de la obra de Ingmar Bergman, el director sueco, que andaba siempre preguntándose por la existencia de Dios y sobre todo su silencio. “Si Dios existe porque su sllencio?” El contemplaba un mundo sin sentido, si éste era abandonado por Dios. La angustia existencial, el miedo y la amenaza de la guerra nuclear aparecían constantemente en sus primeras películas. En España, por esa temática religiosa, cercana al luteranismo, era sospechosa para la censura franquista y sufrió muchos problemas de censura.
Para este que escribe este filme, fue el que en cierto modo le despertó su vocación de cinéfilo. Tendría diecisiete años cuando la vió, en una pase privado que se hizo en mi pueblo y me abrió al descubrimiento de que el cine no solamente era diversión y entretenimiento, sino motivo de reflexión y de diálogo. El séptimo sello no es una película fácil; es más bién una película de ideas..Su visionado es casi como abrir un libro de filosofía.




















